Por Enrique FernándezPublicado en
Visión Salvaje,
nº10Seguramente el gran angular es el objetivo más utilizado por los paisajistas pero a la vez es uno de los más complicados de utilizar. Su gran ángulo de visión provoca en el fotógrafo una actitud de querer “abarcarlo todo” dificultando la creación de tomas sencillas y visualmente atractivas que transmitan un mensaje claro al espectador.
Con cierta habilidad puede proporcionarnos tomas de gran fuerza e impacto visual, creando una sensación envolvente en el observador de introducirle en el centro mismo de la escena, casi como si estuviera a hombros del fotógrafo. Por el contrario, mal utilizado puede dar lugar a verdaderos desastres.
1 - Simplificar es la clave
Lo primero a tener en cuenta cuando nos enfrentemos a tomas con un gran angular es la complejidad de la escena a retratar. En un primer instante querremos incluir todos aquellos elementos que captan nuestra atención, pero deberemos hacer un esfuerzo consciente para averiguar qué queremos transmitir al espectador y qué elementos van a formar parte de nuestra composición descartando todo aquello que no sea esencial. La clave está, por tanto, en simplificar al máximo distribuyendo de forma armoniosa los elementos y trabajando el encuadre todo lo posible.
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