Hoy me he vuelto a acercar a mi querida sierra en busca de otra foto soñada. Como suele ocurrir es difícil volver a casa con la foto que uno tiene en mente (demasiados factores imprevisibles tienen que confluir). Sin embargo, si algo he aprendido durante estos últimos años es a tener una mente abierta, a estar receptivo a nuevas situaciones distintas a las que uno soñó. No por ello se debe evitar ir con una idea preconcebida, de hecho, son esas ideas, esas imágenes en mi cabeza lo que fundamentalmente me motiva, lo que me anima a levantarme a horas intempestivas mientras el resto de los mortales descansa plácidamente.
Para plasmar lo que llevaba en la cabeza buscaba una superficie líquida sobre la que se reflejarán las cumbres que me rodeaban bañadas por la suave luz rosada del amanecer. Si bien encontré algo que se aproximaba a mi idea original no terminada satisfacerme. En esos instantes, previos al alba, el tiempo parece acelerarse y la tensión y el estrés del momento se apoderan de uno y no dejan razonar con lucidez. Mi ojos, mi mente trabajaban a pleno potencial. Las luces iban cambiando por momentos y era consciente de que en unos instantes el espectáculo de luz y color habría llegado a su fin. Tenía que actuar con rapidez para no volver a casa con las manos vacías.
Decidí, pues, abandonar mi idea original y concentrarme en los numerosos arroyos que plagaban la zona. Buscaba alguno que dirigiera la vista hacia una de las cumbres que me rodeaban. Peñalara se alzaba imponente ante mí pero su disposición con respecto al sol y la fisonomía de su perfil no terminaban de convencerme. Me fije, entonces, en Dos Hermanas cuyo perfil me daba mejores vibraciones y que además estaba situado cara a la salida del sol. El riachuelo por el que me movía se abría paso sinuosamente entre rocas y pequeños saltos de agua. Era consciente de que el arroyo a la sombra reflejando el azul de un cielo sin nubes me iba a dar unos tonos azules que combinados con el amarillo y naranjas de la montañas iluminadas por el sol proporcionarían una toma de gran impacto. Sólo falta encontrar el lugar adecuado y trabajar la composición.
Por fin encuentro un tramo con posibilidades y una gran roca me llama poderosamente la atención. Miro por el visor de la cámara y...¡esto sí! me digo. Despliego el trípode y trato de buscar un encuadre que me convenza. Tras unos minutos todo está dispuesto, ahora sólo tengo que esperar el momento. Me relajo, aunque sólo momentáneamente, porque detrás de mi una bola roja hace su aparición. El corazón me late, ¡¿qué hago?, ¿cambio de objetivo? ¿quito el trípode de donde está y me concentro en esta nueva posibilidad fotográfica?. No termino de verlo claro. Miro para atrás y veo que Dos Hermanas aún no ha empezado a teñirse de color por la neblina sobre el horizonte que aún tapa el sol. Recorro la orilla del riachuelo dejando atrás trípode y cámara montados. Mientras, el sol sigue con su inexorable ascenso, su luminosidad va cobrando más intensidad y cambiando de color. Repentinamente veo unos brillos dorados maravillosos sobre unas rocas y un pequeño salto de agua. Como un flash desfilan por mi cabeza imágenes en algún momento contempladas, en un libro, en alguna web, que sé yo, pero sé que la escena me atrae terriblemente. Miro para atrás y sé que aún dispongo de algunos minutos antes de que la luz sobre Dos Hermanas cobre la fuerza y tonalidades necesarias. Corro y cojo cámara, trípode y un filtro degradado neutro inverso porque sé que son este tipo de escenas las que se adaptan mejor a este filtro. Monto el trípode y la cámara en esta nueva ubicación, busco rápidamente un encuadre que me satisfaga, a penas hay tiempo para pensar en reglas y me dejo llevar por la intuición. Hago tres exposiciones distintas del mismo encuadre, y a la cuarta compruebo que se me ha acabado la pila. ¡Mierda!. Con la mochila y las baterías de repuesto a unas decenas de metros de mi compruebo en el LCD de la cámara las exposiciones hechas y veo que no es necesario ninguna más. La foto me encanta.
Me giro para emprender el regreso y compruebo que la luz sobre dos hermanas está al límite de su color anaranjado. Corro de nuevo con el trípode y cámara en mano y vuelvo a buscar el encuadre anterior con el corazón a tope. Hago varias tomas, con diferentes tipos de degradados a fin conseguir una toma que me satisfaga. ¡Pero que rápido que avanza la luz del sol!. De repente todo ha acabado. Miro por el visor y respiro satisfecho. Desde que planté el trípode por primera vez hasta este momento sólo han pasado 15 minutos. Quince minutos intensos cazando las luces del amanecer. Quince minutos y únicamente dos fotos, pero dos fotos de las que me siento satisfecho.
Analizando el día a mi regreso saco y corroboro cinco importantes conclusiones:
1.- Es bueno tener un objetivo en mente antes de salir de casa aunque no obcecarse en él.
2.- No siempre se encuentra lo que uno tiene en la cabeza y uno tiene que ser lo suficientemente abierto de mente para detectar nuevas oportunidades.
3.- Aún así, uno tiene que saber reaccionar ante situaciones inesperadas de alto potencial fotográfico.
4.- Es importante ver muchas fotos y no sólo aprender de técnica. Es ese archivo de imágenes que uno tiene en la cabeza lo que hace que en décimas de segundo se detecten fotos con potencial fotográfico.
5.- La confrontación de tonos cálidos y fríos proporciona escenas de alto impacto estético. Me viene a la mente la descripción que hace Galen Rowell de la hora mágica:
"Dos veces al día, la luz fría y azul de la noche interacciona con los cálidos tonos de la luz diurna. Afortunadamente para los fotógrafos que utilizan el color tales eventos, aunque previsibles no son duraderos. Durante una hora entera a cada extremo del día, los colores de la luz se mezclan en combinaciones infinitas, como si alguien en el cielo estuviera agitando un caleidoscopio. Estos efectos tienen lugar no directamente donde el sol sale o se pone, sino allí donde los rayos solares iluminan con su luz cálida y directa partes de la tierra y del cielo que están al mismo tiempo iluminadas por la fría luz reflejada de la noche"
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